jueves, 23 de febrero de 2012

!!! NO ME JODAS...!!!

Esta fue una de mis experiencias que más me ha enseñado en mí antigua etapa al frente de la Conservación de Parques y Jardines.Ya veréis porqué.

Cuando empecé a Conservar Jardines Públicos, como todo el que empieza, tenía poca experiencia a la hora de mandar al personal. Las primeras semanas, todo el mundo está pendiente de tus ordenes, porque un cambio siempre abre puertas a un trabajador y se las cierra a otros. Como es mi norma, al principio me dedicaba a observar y adaptar las órdenes que daba a los principales problemas que teníamos que resolver. Iba a los tajos a conocer como trabajaba cada uno e intentaba pensar como podíamos mejorar la calidad del Servicio.

En mi necesidad de ir mejorando, cada vez iba mandando más trabajo y más ordenes, organizando de manera más eficiente al personal, aumentando el grado de exigencia de cada uno. Tenía un Oficial Conductor, mayor, a punto de jubilarse, que mantenía un grupo de tres jardines muy próximos, y la verdad sea dicha, bastante bien. Una mañana, en uno de estos jardines, comentando con él la planificación a corto plazo que estábamos haciendo, me dice:

-         Sabe una cosa, me gusta como lleva usted esto.
-         Yo le contesto: ¡Hombre! muchas gracias, estamos aquí para eso.
-         Y él me dice: Me gusta porque ud manda, tiene carácter y hay que mandar aunque mande mal.

…al principio me sorprendió el comentario,incluso me dolió en mi corazoncito, pero reflexionando, tenía razón. El responsable de un servicio, tiene que mandar, mandar mucho y aprender a mandar. Siempre me acordaré de lo que me dijo, porque al día siguiente, mande a resubir unos árboles en una calle. Este trabajo lo iba a hacer un jardinero y puse a un peón con él, para que fuera aprendiendo a resubir los árboles con pértiga. Les mando a la calle y les digo:

“Vamos a resubir los árboles de esta calle, ramas bajeras, rotas y cruzadas, los dos lados de la calle, y el final donde está la rotonda. Al final de la mañana irá el camión a recoger las ramas”.

Todo perfecto, bueno casi. A media mañana paso por el tajo y habían podado un lado y mitad del otro, bien, quedaba poco y nos daba tiempo. Me voy convencido que se acabaría y que además estaba enseñando a un peón a podar de pértiga.

A última hora de la mañana, vuelvo a pasar por el tajo y estaba toda la calle podada, los dos lados y la rotonda. El camión ya había terminado de recoger las ramas. Me acerco para hablar con ellos, para ver si había habido algún problema y me dice el otro Oficial Conductor  que tenia ( con ganas de agradar y demostrar su valía ):

-         Cuando he llegado, como tenían la calle terminada y les sobraba tiempo, les he dicho que podaran los árboles de dentro de la rotonda.
-         A lo que contesto: ¡Cómo!, ¿qué árboles?
-         Me contesta: Si, esos árboles de dentro de la rotonda que parecen arces rojos.

Me acerco lo más rápido que puedo a la rotonda, temiéndome lo peor.

-         NO ME JODAIS, habéis podado los LIQUIDÁMBAR. (Árbol que jamás se poda, ni se le toca, porque pierde su estructura desde abajo al cortarle las ramas).

En ese momento, conté hasta diez, se me pasaron por la cabeza todas las palabrotas del mundo, en español y en inglés y les dije con resignación:

“No se preocupen, ha sido culpa mía por no explicarles bien las cosas”.

Ese día aprendí varias lecciones que me servirán para toda mí vida.

Hay que mandar, y mandar bien.
Dar órdenes claras, simples, precisas y sobre todo, lo que no quieres que hagan.
El responsable de todo lo que ocurra siempre es el que manda, nadie más.

La orden que les tenía que haber dado sería esta:

“Vamos a resubir los árboles de esta calle, ramas bajeras, rotas y cruzadas, los dos lados de la calle, y el final donde esta la rotonda. Los árboles de dentro de la rotonda ni tocarlos, son Liquidámbar y jamás se podan, repito, ni meterse en la rotonda.  Al final de la mañana irá el camión a recoger las ramas”.

Al cabo de varias semanas, de visita con el Técnico Municipal, al pasar por la rotonda de los Liquidámbar, me dice…¿Qué ha pasado con estos árboles?. Le miro a los ojos con resignación y le digo:

“Cuando mande resubir los árboles de la calle, les dije que hicieran la rotonda, y han resubido también los liquidámbar de la rotonda. Culpa mía, lo siento.”

A lo que contesta:

“¡!!Coño!!!, la primera vez que oigo que alguién se responsabiliza de los errores, me gusta, pero que no vuelva a ocurrir.”

Desde ese día aprendí a mandar… y a mandar bien.

6 comentarios:

  1. Entiendo lo que comentas, aunque no me gusta demasiado la palabra "mandar". Prefiero "dirigir" y para hacerlo bien hay que formar y motivar a las personas del equipo, para después exigirlas que trabajen con responsabilidad. Es imposible decir siempre lo que hay que hacer, cómo hacerlo, cómo no hacerlo y qué no hacer. Pero además, se pierde mucho tiempo y siempre pueden surgir fallos como el que comentas.

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    1. Estoy totalmente de acuerdo con tú comentario. Quizás la palabra "mandar" no contenga todos los aspectos que tan bien has definido.

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  2. jajajajajajajaja!!!!!! Me ha encantado tu historia. He entrado en este blog por casualidad y me he ido enganchando. Me acerco un poco a tu trabajo y es curioso, de todo se aprende y en los sitios más dispares. Gracias, es muy ameno y muy sabio, además de contar las cosas sin complejos. También me ha gustado
    saber que se preocupan tanto por nuestros parques, además de observarlos, pues a veces sí q he pensado q algún parque estaba algo mal pensado cuando lo estás utilizando
    Un saludo y enhorabuena por este blog.
    Marta

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    1. Muchas Gracias Marta, me alegro que te guste y espero que sigas leyendo nuestros articulos de Jardinería. Gracias.

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  3. Estoy empezando a ller tu blog y me encanta!! Un saludo, Elena.

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  4. Gracias, espero que lo sigas leyendo y aportando tus comentarios.

    Un saludo.

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