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domingo, 22 de septiembre de 2013

!!! MI PUEBLO...ARAGONCILLO...!!!



Aragoncillo es un barrio o pedanía del municipio de Corduente en Guadalajara, situado a 14 kilómetros de Molina de Aragón, en la carretera N-211, con una población censada de 36 habitantes, multiplicándose por diez en los meses de verano. Mi pueblo está situado a una altitud de 1267 metros, esto hace que nuestro clima sea Continental riguroso, ya que la distancia del mar atenúa las influencias de las masas de aire marinas, tanto atlánticas como mediterráneas. Ello se traduce en mayor amplitud térmica donde influye la altitud y los vientos fríos, sobre todo cierzo, lo que hace que bajen las temperaturas y que además se note. La temperatura media anual es baja (en torno a los 7ºC - 11ºC), con una amplitud térmica sobre 18ºC (alta), de inviernos con temperaturas medias de 3ºC y veranos cálidos de 20º a 24º C. Los invierno son fríos y rigurosos por efecto de la altitud, a 1.517m de altura tenemos el Alto de Aragoncillo, donde se sitúan los vigías de extinción de incendios y las torres de comunicación, al ser el punto más alto de la comarca. El clima de nuestro pueblo tiene unas precipitaciones anuales en torno a 400 mm. (litro / m2), bastante escasas, soliendo ser constantes excepto en los meses de Julio y Agosto donde se produce una considerable bajada de precipitaciones. Las máximas precipitaciones se producen en invierno y primavera, dándose en verano frecuentes tormentas.
 
UN POCO DE HISTORIA…
Aragoncillo se erigió en pueblo en la época de repoblación, junto a las ruinas de un poblado celtíbero, y a poco se instaló en su término el Monasterio de Alcallech, que fue ocupado por canónigos regulares de San Agustín. Después, en el siglo XV, habitaron el cenobio durante casi cien años las monjas Bernardas de Buenafuente, que fueron expulsadas de su casa por los frailes de Santa María de la Huerta. Hoy no queda de este monasterio sino unos restos mínimos, apenas apreciables, en el lugar que en el pueblo denominan «las monjas», al pie mismo de la serranía.

 
La Iglesia, situada en la Plaza del pueblo, de estilo Románico, donde en su arquitectura presenta una Torre espadaña, signo más apreciable de esta construcción. La espadaña es un “campanario de una sola pared, en la que están abiertos los huecos para colocar las campanas". La función de la torre campanario en aquellos templos que por el motivo que fuere no la poseen, la asumen las espadañas. Habitualmente se alzan sobre el hastial de poniente, o sobre los muros laterales de la iglesia, aunque en algunas ocasiones se alza sobre el hastial este o en un muro independiente adosado al templo. En principio la espadaña sería la "hermana pobre" del campanario. Son mayoría los templos que poseen la espadaña sobre el hastial de poniente, a modo de prolongación del mismo más estrecha que el mismo y acabada en piñón. En una parte de esta Iglesia, estaba situada la escuela donde se daba clase a los niños del pueblo. La Iglesia es reparada cada año con las aportaciones de los vecinos del pueblo.



Apunte de Juan Antonio Cachero sobre nuestra Iglesia.


Tenemos también una Ermita, La Soledad, donde espera el Santo “San Bartolomé” para ser sacado en procesión desde la Iglesia en su día, el 24 de Agosto. Este santo fue apóstol de Jesús y se le reza contra las enfermedades de la piel.

 
Otra de las construcciones que merece la pena conocer es el “Lavadero”. Antiguamente, el lavadero era el lugar, fuera del hogar, en el que se lavaba la ropa, por lo general a mano sobre una tabla o piedra lisa que también recibía este nombre. Hasta la introducción del agua corriente en las casas era frecuente encontrar estas construcciones donde las mujeres acudían a hacer la colada. Eran lugares de encuentro y transmisión de información de la vida cotidiana. El nuestro esta reformado por la Junta de Castilla-La Mancha y actualmente lo podemos ver así.

 
En numerosas casas del pueblo, era tradición colocar una piedra a modo de dintel en la entrada donde se podía leer inscripciones grabadas en ellas. Podían ser los escudos familiares, de armas o incluso la fecha de construcción de la casa. En concreto esta piedra, siempre me ha parecido muy interesante…


Otro “monumento” de mí pueblo es la Laguna. Es punto obligado de visita casi diaria en el paseo matutino o vespertino, o incluso el nocturno. En ella se cogen ranas, renacuajos y los helicópteros de extinción de incendios, agua. En la piedra que tenemos al lado del camino de la laguna, el día 11 de agosto, por la noche, nos vamos a ver “las lágrimas de San Lorenzo”, las perseidas, una lluvia de meteoritos de alta velocidad que radian de la constelación de Perseo.
 
Otros de los atractivos del pueblo son sus construcciones, de piedra con muros de medio metros de piedra.


Y como no, el Bar de la Asociación, donde nos reunimos a charlar, tomar botellines y pelotazos, perdón, Gin tonic y Brugal Cola por 3€…

 
Para terminar, un monumento a un joven vecino del pueblo que tristemente falleció en el terrible incendio de Luzón en Guadalajara.

 
LAS FIESTAS…

Las fiestas de Aragoncillo para mí son únicas, porque me trasladan a los años cuando era pequeño, la orquesta, la comida, el chocolate y ese cólico que me dio con 12 años de comer banderillas con Coca-Cola. Dos días estuve en cama del atracón…
 
 
 
 
La procesión de San Bartolomé junto con los Dulzaineros que en cada casa hacen parada para refrescarse con orujo y pacharán.
 
 
LOS HUERTOS…
 
En el pueblo, también tenemos huertos, donde se produce sobre todo judías, cebollas, tomates, pepinos y calabacines entre otros…




UN PEQUEÑO APUNTE…

En el pueblo convivimos gente de Madrid y de Barcelona. Este verano muchos de ellos me han felicitado por el Blog, el Profesor Iritia y Benito, buen amigo y mejor persona. En honor a este último, y como es de Barcelona…un poco de Agricultura de la zona…el Calçot.
 
El calçot se obtiene a partir de una variedad de cebolla. La cebolla es uno de los cultivos más antiguos de nuestra cultura. Su origen se suele situar en Oriente Medio pero es conocida desde antiguo por las culturas mediterráneas, por ejemplo en el antiguo Egipto.

Sobre el origen del calçot hay varias versiones pero la más conocida es la que atribuye el invento a Xat de Benaiges, un campesino que vivió en Valls (Tarragona) a fines del siglo XIX. Xat de Benaiges puso un par de brotes de cebolla al fuego y descubrió casualmente un plato que a principios del siglo XX ya se había convertido en habitual en muchos hogares del pueblo de Valls y sus alrededores.
Desde entonces el consumo de calçots se ha convertido en una fiesta gastronómica conocida como calçotada, especialmente popular en Cataluña. Los calçots se cuecen con leña de sarmientos de viña y se consumen acompañados de una salsa típica, la salvichada.

La cebolla debe ser de la variedad Blanca Grande Tardía de Lleida. El calçot es cada uno de los brotes de una cebolla blanca que ha sido replantada. Los brotes, a medida que crecen, se calzan, de ahí el nombre de calçot. La cebolla es una planta de la familia de las liliáceas, su nombre científico es Allium cepa y la variedad de la cual se obtienen los calçots es la Blanca Grande Tardía de Lérida, que destaca por su dulzura y por el número y tamaño de los brotes, habitualmente de cuatro a siete. La cebolla es una planta bianual, o sea, que su ciclo de vida tiene una duración de dos años, o lo que es lo mismo, que no hace flor hasta el segundo año. El bulbo o cebolla en sentido estricto, está formado por la acumulación de reservas en la base de las hojas. Antes de plantarla es conveniente cortar la parte superior de la cebolla 
El proceso de cultivo de este producto tiene dos fases diferenciadas. La primera fase es la obtención del bulbo que se hace como una cebolla normal, a partir de la siembra de semilla a finales de año y el trasplante de los cebollinos a principios de primavera. Los bulbos se arrancan y conservan durante el verano.

La segunda fase es la obtención del calçot a partir de las cebollas arrancada. Se plantan durante la segunda quincena del mes de septiembre. Antes de plantar debemos cortar la parte superior del bulbo para conseguir que los brotes crezcan más separados. A medida que los brotes de cebolla van saliendo se van calzando, o sea se deposita la tierra alrededor de la base a fin de blanquear los brotes.

El cultivo del calçot es típico de las comarcas de Tarragona, próximas al mar y con un invierno suave. Aun así, el calçot también se puede cultivar en zonas de interior donde las heladas no sean muy permanentes. En estos casos la cosecha del calçot suele ser más tardía que en las zonas de clima suave.
Para cultivar el calçot en el Horturbá aconsejamos realizar solo la segunda fase y, por tanto, obtener cebollas para plantar. La mayor dificultad reside en conseguir calzar los brotes de la cebolla con el poco substrato que hay en la mesa de cultivo. Por este motivo aconsejamos hacer una o dos líneas de plantación, separadas unos 40 cm y plantar la cebolla bastante enterrada (unos 10 cm). La distancia entre las cebollas depende del tamaño, cuanto mayor sea el bulbo la distancia debe ser mayor pues el número de brotes será también mayor. En general, la distancia entre cebollas suele ser de 20 a 30 cm. Deberemos calzar los brotes dos o tres veces durante el cultivo. El calçot no es compatible con plantas de la misma familia como el ajo o el puerro. Tampoco es compatible con el haba. Son buenos precedentes de la cebolla las solanáceas (tomate, pimiento y berenjena) y la lechuga. La cosecha del calçot se realiza des de mediados de enero hasta marzo.

También tenemos Jardinería, unos Tilos en alineación.


Bueno Benito, si algún día consigo hacer calçot en el huerto, te los llevo y nos los comemos juntos…

UNA CASA EN RILLO DE GALLO…ESTILO GAUDÍ.

 
EL BARRANCO DE LA VIRGEN DE LA HOZ ( CORDUENTE).


El río Gallo ha labrado en el terreno una gran hoz, que se ha convertido en uno de los lugares más bellos y espectaculares del Parque Natural del Alto Tajo.
 A través de la nacional N-211 tomamos la salida hacia Corduente. Una vez hecha una parada, para descansar, en Corduente, y siguiendo los indicadores encontraremos la carretera que se dirige al Santuario de la Virgen de la Hoz. La ermita permanece abierta de primavera a otoño de 11:00 a 20:00 horas todos los días.

A escasos metros antes de llegar al Santuario de la Virgen de la Hoz nos encontramos, vigilando la carretera, la primera de las espectaculares bellezas en piedra: el Huso, monolito labrado en conglomerados ( ver imagen número 2 de las mostradas en la galería fotográfica del inicio de esta página). Al lado de la carretera encontraremos una placa explicativa sobre cómo la acción erosiva del agua se ha ido encargando de individualizar al monolito.
Desde este punto de la carretera, junto al monolito, ya avistamos la Ermita de la Virgen de la Hoz, también llamada Santuario de la Virgen de la Hoz.
Una vez vista la Ermita no se nos debe olvidar preguntar por la senda que se dirige a los tres miradores, y que nos permitirán ser unos privilegiados al internarnos en una subida, a través de escaleras, por las escarpadas y espectaculares rocas del Barranco de la Hoz.


El Santuario de la Virgen de la Hoz, una Ermita levantada en el siglo XIII. Nos cuenta la leyenda que en 1129 un joven de Ventosa (el pueblo más cercano al Santuario), buscando al anochecer un animal perdido de su rebaño, encontró una imagen de la Virgen entre las rocas, escondida para evitar que fuera profanada por los árabes. Después de este suceso se construyó la ermita para cobijar a la Virgen.  Los vecinos de la comarca celebran dicho acontecimiento todos los años el domingo de Pentecostés, con la romería del Butrón y la Loa (una representación ante la imagen sagrada).

JARDINERÍA Y PAISAJISMO…EL BOSQUE PETRIFICADO.

Estos árboles de piedra de 280 millones de años forman uno de los bosques petrificados más antiguos e interesantes del mundo. Sus tocones y raíces aún pueden verse en la sierra de Aragoncillo, muy cerca de Molina de Aragón (Guadalajara), en el mismo lugar en el que crecieron y quedaron sepultados por fuertes emisiones volcánicas. Entre sus secretos pueden guardar valiosos datos sobre el cambio climático.


Son ya piedras, pura sílice, lo que los geólogos conocen como xilópalos, árboles fosilizados, solidificados en las rocas, con apariencia más mineral que vegetal. Pero los tocones y las raíces de estos árboles-piedra, que en su día fueron coníferas, todavía nos salen al paso en Aragoncillo (Guadalajara), en el mismo lugar en el que vivieron hace 280 millones de años. Son prácticamente los únicos troncos existentes en Europa de esa remota época en posición de vida, es decir, enraizados in situ, en el mismo lugar en el que nacieron y crecieron en pleno pérmico inferior, mucho antes de que los dinosaurios poblaran estos parajes. Hasta el momento se han descubierto una docena de ejemplares y forman ya uno de los bosques petrificados más interesantes del mundo. Entre los más conocidos figura uno en la isla de Lesbos (Grecia) que tiene sólo entre 15 y 20 millones de años; otro en el sur de Inglaterra, cerca de Dorset, que se le acerca un poquito más en el tiempo, con 140 millones de años (entre el jurásico superior y el cretácico inferior), y el más famoso de todos, el bosque pintado de Arizona (EE UU), del triásico (entre 208 y 245 millones de años). "No tengo noticias de otro bosque similar en posición de vida. Hay algo de esa época en Guadalcanal (Sevilla), pero los troncos están peor conservados y han sido movidos de su origen, no están in situ" afirma el geólogo Alfonso Sopeña, padre del hallazgo, que no tiene duda alguna sobre la antigüedad de los fósiles. "Están enraizados en el suelo sobre el que se han depositado los primeros sedimentos del pérmico.


Para que semejantes reliquias hayan podido llegar hasta nosotros tenía que suceder algo peculiar, precisamente lo que pasó en Guadalajara durante el comienzo del pérmico (de 280 a 290 millones de años): unas impresionantes emisiones volcánicas. En distintos lugares de la Península (Asturias, Pirineos, Guadarrama, Guadalcanal) se produjeron en aquel momento erupciones de un vulcanismo ácido y explosivo con gran cantidad de piroclastos, nubes ardientes, coladas y cenizas. Todo este magma formó un manto volcánico que cubrió rápidamente troncos, ramas y hojas de la cubierta vegetal. Una extensión importante, unos 24 kilómetros cuadrados de bosque bien desarrollado, quedó sepultada en Aragoncillo, y sus restos, aislados de las condiciones atmosféricas. "Como el magma volcánico es muy ácido permitió que el silicio caliente subiera por la estructura de la madera, los vasos por donde asciende la savia, como si fuera la propia savia, logrando una fosilización casi perfecta. De esta forma, las características morfológicas internas de los troncos, la forma y organización de sus células, la propia estructura de la madera, quedaron preservados en condiciones excepcionales", cuenta Sopeña.


Después, la zona se convirtió en un lago y quedó sumergida con 2.000 o 3.000 metros de sedimentos por encima. Los movimientos tectónicos que levantaron más tarde los Pirineos y el Sistema Central hicieron el resto al elevar estas tierras, y la erosión puso el toque final haciendo que los troncos afloraran poco a poco a la superficie. Y eso ha sido muy recientemente. De hecho, muchos de estos árboles fosilizados están todavía cubiertos y los geólogos mantienen que aparecerán muchos más si se sigue limpiando la zona.

 
Hay quien habla ya de una "Pompeya paleobotánica" pero Alfonso Sopeña, director del Instituto de Geología Económica, centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Complutense de Madrid, que investiga este peculiar bosque con un equipo del que forma parte la profesora Yolanda Sánchez Moya, de la Facultad de Geológicas, prefiere ser más discreto: "Es un hallazgo relevante no sólo por el número importante de individuos o xilópalos que hay in situ, sino también porque hemos encontrado, lo que es muy difícil en roca volcánica, asociaciones palinológicas, polen y esporas, restos de macroflora, de coníferas, hojas, frondes, esfenofitas -unas herbáceas que hoy día casi no cuentan con equivalentes y que tuvieron una gran difusión en aquel momento- y bastantes helechos arborescentes, según ha comprobado Roberto Wagner, del Botánico de Córdoba.

 
No hay nada para viajar en el tiempo como adentrarse en un paisaje de la mano de geólogos, porque manejan las señales que millones de años han ido dejando impresas en él con la naturalidad de quien sabe que esas apabullantes cifras no son nada, apenas un suspiro, en la historia física de la Tierra. Para ellos, pasar del carbonífero al pérmico, o al triásico, es algo tan natural como pasar de Madrid a Guadalajara por una moderna autopista llena de señales.

 
Aragoncillo, en la sierra del mismo nombre y a pocos kilómetros de Molina de Aragón, muestra un paisaje espectacular con las praderas cubiertas de cantueso, tomillo, jara y margaritas. La zona de suaves colinas y tierra arenisca roja que conduce al bosque petrificado es, según la profesora Sánchez, "puro triásico medio, una tierra fangosa que estaba muy próxima a la línea de mar, surcada por una serie de pequeños canales, lo que se nota muy bien por los restos fósiles: hay cristales de cloruro sódico, sal común, transformados en arena actualmente, y los resaltes más ocres son sedimentos de carbonatos de plataformas marinas". En esta zona, añade Sopeña, se han conservado también icnitas (huellas de reptiles), que permiten averiguar la longitud y el peso de los animales, la paleoecología y el ambiente en el que vivían. El geólogo señala que, según se avanza en el paisaje y la tierra se vuelve más negra y la piedra más blanca, se va retrocediendo en el tiempo hasta llegar al contacto del pérmico inferior con el paleozoico, unos 280 millones de años atrás. 'Fue entonces cuando comenzaron las grandes emisiones volcánicas; luego, en el triásico, toda la zona fue inundada por grandes ríos. Es muy interesante estudiar la formación de estos bosques, el vulcanismo asociado a la destrucción y cómo evolucionó la zona de ser prácticamente un desierto a estar cubierta por enormes ríos.

 
No es fácil encontrar el bosque petrificado. Los tocones fosilizados más espectaculares están al borde de un pequeño arroyo, en medio de un joven bosque de pinos en explotación donde abunda la jara. Los troncos pueden confundirse fácilmente con piedras y sólo cuando el ojo y la mano del experto señalan texturas y formas de árboles en posición de vida se empieza a vislumbrar que ese mineral fue antes vegetal y las que fueron un día coníferas todavía tienen sus raíces a la vista. Ambos geólogos confiesan que el primer ejemplar, el bautizado por Yolanda Sánchez como "el arbolito', que tiene 1,25 metros de diámetro y una altura de 30 centímetros, con robustas raíces penetrando en el suelo, lo descubrieron hace dos años, cuando iniciaron un proyecto más general de reconstrucción paleogeográfica de la zona, dirigido a elaborar modelos para aplicar en zonas con petróleo, como Argelia, y que les ha tenido ocupados hasta ahora. "Entonces dejamos pendiente esta investigación y ahora hemos vuelto y descubierto en el mismo lugar nuevos ejemplares, aunque de menor tamaño. En cierto modo se ha modificado el medio, se han sembrado campos, ha habido una repoblación forestal y evidentemente se ha destruido parte del paisaje y de los fósiles, pero queda gran cantidad de trozos de madera fosilizado y es seguro que pueden aparecer nuevos xilópalos.

Pero ¿qué aporta este singular bosque anclado en el tiempo, aparte de la nada despreciable posibilidad de contemplar in situ fósiles de árboles de millones de años, una atracción para investigadores y amantes de la naturaleza cultivados que ya ha llevado a los bosques de Dorset y Lesbos a promocionarse en las páginas de Intemet?. Pues, además de la reconstrucción de un paleoecosistema autóctono ya desaparecido, lo que siempre proporciona una valiosa información científica, según los expertos hay un hecho fundamental que lo relaciona con un tema que ahora preocupa especialmente: el cambio climático. Porque justo en el límite del periodo carbonífero con el pérmico tuvo lugar uno de los grandes cambios climáticos, uno de los cambios globales más significativos de la historia de la Tierra en el que los casquetes polares se derritieron.

Hasta ese momento existía en toda la flora del globo terrestre una gran homogeneidad. Había unos bosques muy densos y poblados, y grandes zonas encharcadas con una vegetación exuberante en la que abundaban los helechos arborescentes. Y justo al iniciarse el pérmico se produjo una abdicación progresiva de todos los cinturones ecuatoriales y las zonas más húmedas se fueron desplazando hacia el norte o el sur, hacia latitudes más altas. La zona central de la cordillera Ibérica no fue una excepción y se vio sometida a una sistemática y continuada acidificación. "Conocer el clima del pasado es poseer la llave del presente, y ahora tenemos un material muy valioso para estudiar y comprender mejor cómo fue ese cambio climático de largo ciclo. Entenderlo es importante para poder ahondar más en un problema que ahora nos preocupa enormemente, mantiene Sopeña.

Como la estructura de estos fósiles está muy bien conservada, pueden hacerse ahora estudios detallados de la misma e incluso una dendrocronología (análisis de los anillos de crecimiento de los árboles), si finalmente se confirma que hay anillos en los troncos, lo que ahora analiza el palcobotánico y especialista en el pérmico Jean Broutin, de la Universidad Pierre-Marie Curie de París. "Eso permitiría averiguar si las plantas de la época necesitaban más o menos agua, si eran de mayor o menor altitud, más encharcadas, etcétera. Y ver si hay variaciones significativas durante épocas estacionases, porque los años podían entonces tener una duración distinta de la actual. En general, todo lo que pueda contribuir a un mejor conocimiento de lo que eran los ciclos climáticos en el pasado nos proporciona datos de gran interés para interpretar lo que pasa ahora, señala Sopeña. Y hace notar que las series existentes de precipitaciones y temperaturas para el estudio del posible cambio climático actual son muy escasas: "Hay pocos datos históricos a la hora de hacer una serie estadística fiable para saber si vamos a un periodo de mayor calentamiento o no, y hay que tener en cuenta que son muy pocos grados los que producen unas enormes incidencias.

Ahora, el paso siguiente será intentar separar la materia orgánica fosilizada de la sílice. Sopeña mantiene que, además de terminar el estudio científico, lo ideal sería proteger de alguna manera la zona. "Tengo pánico de que puedan destruirse ejemplares que son únicos, aunque espero que la junta de Castilla-La Mancha los proteja de alguna forma.

"Estamos convencidos", asegura Alejandro Alonso, consejero de Agricultura de la Junta de Castilla-La Mancha, "de estar ante un descubrimiento importante y nuestra primera intención es conservarlo y protegerlo. Así se lo hemos hecho constar a los investigadores, a quienes hemos solicitado un estudio detallado para poder actuar. Podemos asegurar nuestro compromiso para que el bosque petrificado se pueda conservar y divulgar en las mejores condiciones.

Con las tecnologías actuales, remata Sopeña, podríamos hacer copias perfectas de La Gioconda, el acueducto de Segovia o las pirámides de Egipto, pero lo que no podemos hacer nunca es retroceder en el tiempo. No podemos volver atrás 280 millones de años, plantar estos árboles, esperar a que crezcan, que se fosilicen, que queden enterrados a casi 3.000 metros de profundidad, que se erosionen y vuelvan a aflorar. Eso es físicamente imposible. Por eso, su conservación es fundamental. Porque es algo irrepetible.

Las microfotografías permiten apreciar las células y vasos de los xilópalos encontrados en Aragoncillo, con toda nitidez. El proceso seguido por los investigadores fue cortar con carborundo (masa cristalina hecha con un mezcla de coque, arena silícea y cloruro de sodio, de una dureza  próxima al diamante) una muestra de la madera de fósil, hacer una finísima lámina de unos dos milímetros y  analizarla al microscopio para ver su estructura y composición.

Hicieron contajes de láminas de 1.500 a 2.000 individuos (granitos) de polen y esporas. Los resultados han arrojado un porcentaje del 80 % de coníferas. El polen está asociado a los sedimentos, a las rocas, y la macroflora está incluida en las rocas que hicieron la fosilización. La morfología vegetal de estos fósiles, tan bien conservada, y la paleoflora asociada permiten ahora estudios detallados de la histología y morfología del bosque, y sus posibles transformaciones climáticas a lo largo de los siglos. Por los residuos orgánicos se puede averiguar si las plantas del pérmico necesitaban más o menos agua, si eran de mayor o menor altitud, etc, y hacerse una idea de cómo fue un paleoecosistema autóctono ya desaparecido.

(Artículo aparecido en "El País Semanal" el 6-9-98).

Espero que os haya gustado, y ya sabéis…nos vemos en el pueblo.

5 comentarios:

  1. Hola Juan Pedro, acabo de leer en tu blog el trabajo magnífico que has dedicado al pueblo, no me queda más que darte la enhorabuena por ello. Todo está muy claro ameno y bien documentado, en suma un buen trabajo. Como me sale la vena de corregir, para evitar que mis buenos alumnos se lo creyeran siempre ponía alguna pega, voy a hacerte una puntualización de una parte en la que me parece que no queda claro un pequeño detalle de la Iglesia. Se trata de la parte en que nombras la espadaña. Efectivamente defines lo que es la espadaña y desde luego según esa definición nuestra iglesia no tiene espadaña, sino torre de campanario. Veamos, si espadaña es un campanario de una sola pared en la que están abiertos los huecos para colocar las campanas y no se puede acceder a ellas por el interior está claro que no es una espadaña lo que tenemos. Es decir que la espadaña se diferencia del campanario en que su acceso no se alberga en el interior. Aquí tenemos una preciosa escalera de caracol que accede directamente a las campanas, por cierto que echo de menos que no la cites, porque creo que es lo más valioso de todo el edificio. ¡Cuántas veces las he subido en los cinco años que fui monaguillo!.

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  2. En relacion al articulo, creo que le la ha faltado indicar cuando se referia a la espadaña de la Iglesia de Aragoncillo que se trataba de un torreón-espadaña como muy acertadamente indica José Jimenez Belinchón -cronista de la Nueva Alcarria-.en su articulo de 1958 y que yó ratifico en la modesta nota que adjunto.

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  3. Sabía la existencia de Aragoncillo dado que mi familia tiene el apellido Aragoncillo, pero este fin de semana me enterado que mi abuela, de prmer apellido Aragoncillo, nació en Tobillos a 12 km. de Aragoncillo.No descarto la idea de desplazarme a esas tierras para averiguar algo más de mis antepasados.

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    1. Es un pueblo y una zona muy bonita para visitar, y más si buscas información sobre tú familia.

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  4. Sabía la existencia de Aragoncillo dado que mi familia tiene el apellido Aragoncillo, pero este fin de semana me enterado que mi abuela, de prmer apellido Aragoncillo, nació en Tobillos a 12 km. de Aragoncillo.No descarto la idea de desplazarme a esas tierras para averiguar algo más de mis antepasados.

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